miércoles, 11 de octubre de 2017

Mis mascotas en Suiza

Estos días están siendo los más aburridos en Suiza. No sólo porque mi familia se ha ido de vacaciones a Grecia dejando la casa con un enorme silencio y tranquilidad (con tres niños revoloteando por aquí no sabemos que es eso), sino porque mi súper compañera Charis también ha decidido cogerse sus vacaciones e irse a su país. (Hey Charis, cuando leas esto que sepas que le di tu cama a Gioia. Y la babeó).


Foto de arriba: Gioia esperando a la familia al día siguiente de que se fueran. Lo que no sabía es que aún le quedaban 15 días viendo sólo mi careto.

Pero eso no es todo. Suiza de por sí es tranquila y te encuentras poca gente en la calle, pero éstas semanas os prometo que vivo en un pueblo fantasma; por las calles sólo Gioia y yo, la mar de felices (aunque un poco acojonante). 


Fotos de arriba: uno de nuestros paseos bajo la lluvia, ¿Quién dijo que vacaciones es igual a Sol? (foto tomada por Charis antes de abandonarnos cruelmente).

Cada mañana subía a la casa y notaba como el silencio la invadía, me daban ganas de coger el coche de bomberos de juguete y gritar yo sola NIII NOOOO NIIIII NOOOOOO (palabras creadas por Jaro cuando sujeta el juguete por los aires y revolotea por toda la casa). Por suerte estaban las mascotas, quienes me daban toda esa distracción que necesitaba, aunque a veces no exactamente la que quería; Luna, la gata, me desconectó el portátil dos veces jugando con el cable. Raia, la otra gata se comió la comida que me preparé y dejé durante 1 minuto en la mesa mientras iba a lavarme las manos (puede que fuera más de un minuto) y Nala, la tercera gata, se comió un ratón (VIVO) sentada a mi lado mientras escuchaba el crujido de sus huesos cuando se lo comía; luego quiso lamerme (por poco no me vuelvo a España).


Foto de arriba: Luna y Gioia en una de nuestras noches locas bebiendo y bailando en el salón.
Foto de abajo: Raia posando y pidiéndome una foto así, como la que no quiere la cosa...


Por otro lado, Gioia casi me tira por mitad del bosque en uno de nuestros paseos, no se si fue a propósito, lo peor, que un par de días más tarde sí que lo consiguió (mi pobre tobillo me dolió durante tres días). Es la mejor perra del mundo pero a veces se le va la pinza (un ciclista que casi se come el suelo por su culpa lo corrobora). De todas formas cumple a las mil maravillas su papel de protectora de la casa, así que con ella no tuve nunca miedo.


Foto de arriba: Gioia y Luna peleando por quién cenaba primero, Gioia le llevaba ventaja, pero Luna le tapó los ojos y contra eso ya no se podía luchar. ¿Adivináis quién ganó?

(Aunque en las fotos no aparezca, también tenemos a Nala, pero me dice que es demasiado diva para salir publicada en este blog y que prefiere mantener su anonimato)

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