domingo, 8 de octubre de 2017

La grisácea Berna

La primera palabra que se te cruza por la mente cuando tienes que describir Berna es GRIS. Sin más, sin pensar, sin dudas, sin Sol.
No sólo es la ausencia de días soleados lo que hace de Berna una ciudad gris, sino sus fachadas, sus enormes e interminables fachadas, todas tan similares y unidas en sus principales calles. 
Es toda una experiencia verte tan pequeña en esas enormes y cargadas calles del corazón de la capital suiza. 
Pero el verdadero asombro es cuando, caminando y caminando, sales a un lugar cargado de vistas al río Aare, donde la grisácea Berna se torna en un sinfín de colores mezclados y paisajes dignos de cuadros pintados. Desde el azul de su río, al verde de sus bosques, pasando por el gris del nubloso cielo y el rojo de sus tejados (sí, es rojo, aunque en las fotografías no se aprecia).

Zytglogge, su famoso reloj
Calle principal de Berna
Río Aare

"NADIE ENCUENTRA SU CAMINO SIN HABERSE PERDIDO VARIAS VECES"

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