martes, 13 de junio de 2017

Pasos en Nápoles

Nápoles y sus encantos, su peculiar belleza, su calle central, sus fachadas y gastronomías, sus puestecitos de regalos, su gente, el grupito de amigas siguiendo el GPS y todo mapa que íbamos encontrando, Nápoles como nuestro primer destino de esta aventura.


Mi amiga y su tambaleante cabeza se pasaron todo el viaje dándose golpes contra cualquier superficie en posición vertical. Cada vez que intentaba mirar por la ventana chocaba contra el cristal, y no, no estaba borracha (aunque sus mojitos a las 11 de la mañana si que se los metía entre pecho y espalda), simplemente es que eso de las medidas de cerca y lejos, pues no es lo suyo.

El barco balanza tenía demasiadas plantas, las suficientes para bajar todo lo que comes en la planta 11 o 12 (que era donde estaban las comidas) hasta que llegas a la tuya (3). Luego pasaba que tu compañera no podía abrir la puerta porque por cabezota y por ponerla en el móvil le dejó de funcionar (gracias Marina por hacerme levantar en madrugada aquella noche aporreando la puerta). 

Casco antiguo de Nápoles
Aunque aún nos quedaba un largo viaje por delante una de mis amigas (que al parecer creía que el viaje acababa ya) no paraba de fotografiar y fotografiar todo, hasta lo más feo. Así fue como nos quedamos con cara de póker cuando tuvimos que pasarnos las 1000 fotos entre unas y otras. Lo peor de esto no es que ella fuera un alma libre y fuera a su bola tomando fotos, no; ella te obligaba a ponerte delante de cada monumento y/o cosa rara que veía y te ordenaba tal sargento que NO te movieras. Ahora ya hasta lo echo de menos, y he de reconocer que tenemos preciosas fotos (algunas sobraban) gracias a ella. 

En el barco nos declaramos FAN de un grupito de chicos que, por lo visto vivían en el ascensor. Nos lo encontrábamos cada vez que las puertas se abrían, siempre los mismos en misma posición pero con ropas distintas cada día (menos mal porque si no el olorcillo...).
Las temperaturas del día siempre iban escritas en el itinerario de información que amablemente nos dejaban en el camarote. Uno de esos días mi amiga pensó que 12 min no era 12º C de mínima, sino que eran 12 minutos lo que tardábamos en llegar a la ciudad. Que tiemblen los barcos del mundo porque Sovereign va a toda marcha bordeando el Mediterráneo. 

Para acabar, no puedo dejar de escribir que tuvimos un curioso regalo en el baño ante nuestra entrada, no voy a dar información porque me ordenaron ser confidencial, pero recalco que su descubrimiento nos hizo reír hasta caernos redondas al suelo. 
Además, una de las noches, en las cenas, descubrimos una cosa extraña llamada eyeliner, pero no, no es maquillaje.

Castillo Nuovo en Nápoles
Nápoles, 01/05/2017

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