jueves, 1 de junio de 2017

Pasos en Barcelona

En nuestro segundo día en Barcelona visitamos el que fue sin duda el gran descubrimiento de la ciudad. La conocidísima Sagrada Familia, ¿Cuántas fotos habremos visto de ella? Bien, pues hasta que no la ves en carne y hueso es como si no la hubieras visto verdaderamente. No nos causaba gran entusiasmo pero fue salir de aquella boca de metro, girarnos y desde ese momento hasta la salida, toda la visita, la boca abierta. Literal. Preciosa. Única.
Nos daban nuestros propios auriculares para ir pasando por cada uno de los puntos de los que se compone e ir descubriendo paso a paso toda su historia, desde sus comienzos hasta la actualidad. Y desde nuestro punto de vista no. Eso no estará acabado para 2026 ni de coña, (de todas formas volveremos en ese año, ya está prometido).

Sagrada Familia
También fuimos al parque Güell, en el cuál, sin saber por qué, entramos por la puerta de atrás y salimos por la principal. Después de tanta caminata casi que no pudimos ni visitar ciertas zonas del parque, pero de tanto subir cuestas y cuestas (y una súper escalera mecánica en mitad de la calle la mar de moderna) llegamos a la puerta trasera (gracias a un guardia que nos vio la cara de perdidas que llevábamosy es que lo estábamos) pensando qué cutre la entrada. Ya luego vimos al salir del parque lo bonita que es. 

Vistas mientras subíamos al Parque Güell

Puerta principal del Parque Güell

Una vez acabamos visitamos también el Centro Comercial Arenas, no sin antes darnos cuenta que una de nuestras amigas se había colado en el metro sin querer y sin saberlo (os lo prometo) e intentara también cruzar una de las calles de Barcelona cuando un taxi que (a más velocidad de la adecuada) se acercaba peligrosamente a ella. Al final no hubo que lamentar nada más que 5 minutos de pitido agudo en el oído ante el piterío que formó el taxista. Nada grave.

Vistas desde el Centro Comercial Arenas
Para finalizar el día nos fuimos a la que fue nuestra última visita, el Palacio Montjuic. Punto de mil fotos y de descanso después de un largo día. 

A nuestras espaldas, el Palacio Montjuic
Así fue como dejamos atrás Barcelona, las noches de comidas en esa pequeña mesita de la habitación, los planes y gráficos de rutas para cada día, las charlas en la cama, los despertares cargados de energía, las noches como zombies cuando llegábamos al hotel y las 200 fotos (sin exageración) que poseían ya nuestros móviles. Hicimos de nuevo nuestras 4 maletas (nos subimos en una de ellas para intentar cerrarla, sin suerte), nos montamos en un taxi que nos paseó por todas Las Ramblas y llegamos al que era el verdadero punto fuerte de ese viaje.

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