jueves, 15 de diciembre de 2016

Primer destino, Ámsterdam

Ámsterdam es de bonito que se rompe y he tenido el placer de conocerla junto a dos de mis mejores amigas!

Canales de Ámsterdam
Ya se decía que muy poquitos países existen con tanta agua debajo de sus terrenos y es que numerosos son los canales de agua que rompen esta ciudad, haciéndola mucho más bonita, con más encanto, con un ambiente único y especial, y en esos canales, por supuesto, hemos dado un paseo en barca. 
Es uno de los países más tolerantes y es que pocos casos existen en los que se puede apreciar las esculturas y arquitecturas desde los canales mientras te fumas un canuto. Legalmente.

Torre de Westerkek
Pero no sólo son los coffees shops el elemento destacable de esta ciudad. Ámsterdam está repleta de arte, cultura, gastronomía y costumbres en cada esquina; sus fachadas, el museo de Van Gogh (donde tuvimos que soportar a una de nosotras flipando con cada cuadro con la boca abierta y deteniéndose como 30 minutos en cada uno. Mientras, mi otra amiga y yo probábamos los sillones de cada planta), el Rijksmuseum donde encontramos famosos cuadros de Rembrandt, la Casa de Ana Frank, visita en la que pasas todo el rato con los bellos de punta o el Sexmuseum, donde no nos cabía en la cabeza algunas imágenes... y posturas.


También tuvimos la gran suerte (o desgracia) de perdernos en los barrios de allí, donde pudimos disfrutar (en la medida de lo posible ya que nos habíamos perdido) del ambiente de cada uno de sus barrios, de sus innumerables bicicletas aparcadas, de sus restaurantes, coffee shops, el olor a café, el olor a tabaco, la gente, las plantas, sus tulipanes o el olor a madera mojada ya que era julio pero... ¡¡No nos libramos de un chaparrón!!!

Ámsterdam, julio 2013

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