viernes, 13 de enero de 2017

Orillas de Bremerhaven

¡Playas con un encanto completamente diferente!


A pesar de ser septiembre y estar en Alemania pasando un poquito de frío (JA JA un poquito) decidimos visitar la playa que teníamos más cerca. 
Allí no fuimos capaz de meternos, ni si quiera de tocar el agua (a ver quién es el valiente que lo haría), pero sí que aprovechamos para respirar todo su aire, su frescor, el olor a mar, a frío, y es que no sólo lo sentíamos en nuestros cuerpos; hacía tanto frío que hasta lo podíamos oler. 


Además, la playa no tenía ni un gramo de arena, el mar del norte se la había comido toda; en sus orillas sólo había grandes piedras que desembocaban en el fondo del agua, y sobre éstas un sinfín de kilómetros de césped donde poder correr, fotografiar y poner (si eso) las toallas para poder tumbarte a tomar el Sol (en verano, porque ahora nanai). 


Sobre todo ese césped había un pequeño y solitario hotelito desde el cual se puede ver perfectamente la profundidad del mar así como todos los barcos que pasan por él (es muy transitado). 
Un lugar perfecto para aislarte del mundo y de tanta civilización.

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